Continuación

Aunque desvanecida su esperanza de alcanzar a los que habían entrado por el postigo de San Saturio, no por eso nuestro héroe perdió las de saber la casa que en la ciudad podía albergarlos.Fija en su mente esta idea,penetró en la población y,dirigiéndose al barrio de San Juan, comenzó a vagar por sus calles a la ventura.

Las calles de Soria eran entonces,y lo son todavía estrechas, oscuras y tortuosas.Un silencio profundo reinaba en ellas,silencio que sólo interrumpían,ora el lejano ladrido de un perro,ora el rumor de una puerta al cerrarse.ora el relincho de un corcel que piafando hacía sonar la cadena que lo sujetaba al pesebre en las subterráneas caballerizas.Manrique, con el oido atento a estos rumores de la noche, que unas veces le parecian los pasos de una persona que había doblado ya la última esquina de un callejón desierto; otras, voces confusas de gentes que hablaban a sus espaldas y que a cada momento esperaba ver a su lado, anduvo algunas horas corriendo al azar de un sitio a otro.

Por último ,se detuvo  al pie de un caserón de piedra,oscuro y antiquísimo.,y al detenerse brillaron sus ojos con una indescriptible expresión de alegría..En una de las altas ventanas ojivales de aquel que pudiéramos llamar palacio se veía un rayo de luz templada y suave,que pasando a través de unas ligeras colgaduras de seda de color de rosa, se reflejaban en el negruzco y grieteado paredón de la casa de enfrente.

-- No cabe duda , aquí vive mi desconocida--murmuró el joven en voz baja y sin apartar un punto sus ojos de la ventana gótica--; aquí vive...Ella entró por el postigo de San Saturio...Por el postigo de San saturio se viene a este barrio...En este barrio hay una casa donde,pasada la medianoche,aún hay gente en vela...En vela...¿Quién sino ella, que vuelve de sus nocturnas excursiones,puede estarlo a estas horas?....No hay más ;ésta es su casa.

En esta firme persuasión, y revolviendo en su cabeza las más locas y fantásticas imaginaciones,esperó el alba frente a la ventana gótica, de la que en toda la noche no faltó la luz ni él separó la vista un momento.

Cuando llegó el día ,las mazizas puertas del arco que daba entrada al caserón, y sobre cuya clave se veían esculpidos los blasones de su dueño,giraron pesadamente sobre los goznes,con un chirrido prolongado y agudo.Un escudero apareció en el dintel con un manojo de llaves en la mano,estregándose los ojos y enseñando al bostezar una caja de dintes capaces de dar envidia a un cocodrilo.

Verlo Manrique y lanzarse a la puerta,todo fué obra de un instante.

--Quién habita en ésta casa? ¿Como se llama ella?¿De dónde es? ¿A que ha venido a Soria? ¿Tiene esposo? responde,responde animal--esta fué la salutación que ,sacudiéndole el brazo violentamente,dirigió al pobre escudero, el cual,después de mirarle un largo espacio de tiempo con ojos espantadosy estúpidos , le contestó con voz entrecortada por la sorpresa:

--En esta casa vive el muy honrado señor don Alonso de Valdecuellos, montero mayor de nuestro señor el rey ,que,herido en la guerra contra moros,se encuentra en esta ciudad reponiéndose de sus fatigas.

--Pero¿y su hija?--interrumpió el joven impaciente--.¿Y su hija ,o su hermana o su esposa,o lo que sea

No tiene ninguna mujer consigo.

¿No tiene ninguna!....Pues quien duerme allí en aquel aposento,donde toda la noche he visto arder una luz?

¿Allí? Allí duerme mi señor don Alonso que, como se halla enfermo,mantiene encendida su lámpara hasta que amanece.

Un rayo cayendo de improviso a sus pies no le hubiera causado más asombro que el que le causaron estas palabras.

 

Yo la he de encontrar, la he de encontrar; y si la encuentro, estoy casi seguro de que he de conocerla....¿En qué? Eso es lo que no podré decir...,pero he de conocerla. El eco de su pisada o un sola palabra suya que vuelva a oir, un extremo de su traje, un solo extremo que vuelva a ver, me bastarán para conseguirlo.Noche y día estoy mirando flotar delante de mis ojos aquellos pliegues de una tela diáfana y blanquísima;noche y día me están sonando aquí dentro, dentro de la cabeza, el crujido de su traje, el confuso rumor de  sus ininteligibles palabras,.¿Que dijo?....¡Ah!, si yo pudiera saber lo que dijo, acaso...,pero aún sin saberlo, la encontraré....; la encontraré; me lo dá el corazón , y mi corazón no me engaña nunca.Verdad es que ya he recorrido inútilmente todas las calles de Soria;que he pasado noches y noches al sereno, hecho poste de una esquina; que he gastado más de veinte doblas de oro en hacer charlar a dueñas y escuderos; que he dado agua bendita en San Nicolás a una vieja , arrebujada con tal arte en su manto de anascote, que me figuró una deidad; y al salir de la Colegiata, una noche de maitines, he seguido como un tonto la litera del Arcediano, creyendo que el extremo de sus hopalandas era el del traje de mi desconocida, pero no importa...; yo la he de encontrar, y la gloria de poseerla excederá seguramente al trabajo de buscarla.

>>Como serán sus ojos?......Deben ser a,azules y húmedos como el cielo de la noche ; me gustan tanto los ojos de ese color; son tan expresivos;tan melancólicos,tan..Si..., no hay duda: azules deben ser, azules son seguramente y sus cabellos, negros, muy negros y largos para que floten....Me parece que los vi flotar aquella noche, al par que su traje ,y eran negros....;no me engaño,no, eran negros.

>>>¡Y que bien hacen unos ojos rasgados y adormidos,y una cabellera suelta,flotante y oscura ,a una mujer alta....,porque ....ella es alta,alta y esbelta como esa portadas de nuestras basílicas, cuyos ovalados rostros envuelven en un misterioso crepúsculo las sombras de sus doseles de granito!

>>¡Su voz !...Su voz la he oido...., su voz es suave como el rumor del viento en las hojas de los álamos,y su andar acompasado y majestuoso como las cadencias de una música.

>>Y esa mujer que es hermosa como el más hermoso de mis sueños de adolescente,que piensa como yo pienso,que gusta de lo que yo gusto,que odia lo que yo odio, que es un espíritu hermano de mi espíritu,que es el complemento de mi ser, ¿no se ha de sentir conmovida al encontrarme? ¿No me ha de amar como yo la amaré,como la amo ya con todas las fuerzas de mi vida, con todas las facultades de mi alma?

>>Vamos,vamos al sitio donde la vi la primera y única vez que la he visto...Quien sabes si,caprichosa como yo amiga de la soledad y el misterio,como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas en el silencio de la noche.

Dos mese habian transcurrrido desde que el escudero de Don Alonso de Valdecuellos desengañó al iluso Manrique;dos meses  durante los cuales en cada hora habia formado un castillo en el aire, que la realidad desvanecía con un soplo;dos meses durante los cuales  había buscado en vano a aquella mujer desconocida,cuyo absurdo amor iba creciendo en su alma, merced a sus aun más absurdas imaginaciones,cuando, después de atravesar absorto en estas ideas, el puente que conduce al  los Templarios, el enamorado joven se perdió entre las intrincadas sendas de sus jardines.

La noche estaba serena y hermosa;la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo,y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.

Manrique llegó al claustro, tendió la vista por su recinto y miró a través de las macizas columnas de sus  arcadas ....Estaba desierto.

Salió de él ,encaminó sus pasos hacia la oscura alameda que conduce al Duero,y aún no habia penetrado en ella,cuando de sus labios se escapó un grito de júbilo.

Había visto flotar un instante y desaparecer, el extremo del traje blanco de la mujer de sus sueños,de la mujer que ya amaba como un loco.

Corre, corre en su busca; llega al sitio en que la ha visto desaparecer;pero al final se detiene,fija los espantados ojos en el suelo,permanece un rato inmóvil ; un ligero temblor nervioso agita sus miembros ,un temblor que va creciendo, que va creciendo, y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe, al fin,en una carcajada, en una carcajada sonora, estridente ,horrible.

Aquella cosa blanca ligera,flotante ,había vuelto a brillar ante sus ojos;pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante.

Era un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía las ramas.

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Habían pasado algunos años.Manrique,sentado en un sitial,junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi,y con una mirada vaga  e inquietacomo la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre ni a los consuelos de sus servidores.

--Tú eres joven, tú eres hermoso__le decía aquélla---¿Por qué te consumes en la soledad?¿por qué no buscas un mujer a quien ames,y que amándote pueda hacerte feliz?

----¡-El amor! ....El amor es un rayo de luna----murmuraba el joven.

---¿-por qué no despertais de ese letargo? ----le decía uno de sus escuderos ----Os vestís de hierro de pies  a cabeza, mandais desplegar al aire vuestro pendón de rico hombre, y marchamos a la guerra.En la guerra se encuentra la gloria.

---¡La gloria!....la gloria es un rayo de luna.

--Queréis que os diga una cántiga, la última ue ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal?

¡No !¡No!---exclamó por último el joven,incorporándose colérico en su sitial----:No quiero nada.....; es decir, si quiero:quiero que me dejeis solo ....Cántigas ...., mujeres....., glorias...., felicidad, mentiras todo, fantasmas vanos que formamos e nuestra imaginación y vestimos a  nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos , ¿PARA QUÉ?,¿para qué? Para encontrar un rayo de luna.

Manrique estaba loco, por lo menos,todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio.

mamaco. mayo 2009.